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Friday, December 12, 2014

QUÉ FOTOGRAFIAR

Me temo que no hay nada nuevo que fotografiar. Los temas son y serán siempre los mismos ya seas fotógrafo, escritor o cineasta: la injusticia, el amor, la guerra, la pasión, los héroes... Lo único que cambia, y aquí sí, las posibilidades son infinitas, es el CÓMO abordar el tema.  

LA MOTIVACIÓN DEL FOTÓGRAFO

¿Para qué fotografías? Me gusta empezar mis talleres con esta pregunta. La mayoría contesta "para emocionar" o "para transmitir emociones" Durante muchos años esta podría haber sido mi respuesta. En estos momentos creo que fotografío por que no puedo evitarlo. No busco nada más que quedarme tranquilo y esto no ocurre mientras tenga en mi cabeza una imagen pidiéndome nacer. No busco nuevos proyectos, me siento perseguido por ellos, como un medium reclamado por fantasmas para interceder entre dos mundos: el de las ideas y el real.

SER FOTÓGRAFO

Para mi la diferencia entre hacer fotos o ser fotógrafo es la misma que entre saber escribir o ser escritor. 

SER

Cada vez que digo lo que soy estoy dejando de ser. Esta es una de las principales revelaciones que me ha aportado la meditación. Poner distancia entre lo que soy y lo que añado por mi cuenta. Cada vez que digo soy fotógrafo, soy terapeuta, soy profesor, soy hermano, soy amigo, soy de Albacete, soy Carlos... todo lo que añado después de "soy" es lo que me impide ser realmente. Ya lo dijo Hamlet: Ser o no ser, esa es la cuestión.

MEDITACIÓN Y EL TEOREMA DE PARETO

Según el principio de Pareto el 20% de las personas posee el 80% de la riqueza y viceversa, el 80% de las personas viven con un 20 % de los recursos. Este principio es extensible a multitud de ámbitos. Por ejemplo "el 20% de los productos en un almacén acumulan un 80% del valor del mismo" o "me pongo el 20% de mi ropa el 80% del tiempo" 
Creo que puedo aplicar el mismo principio a la forma en que funciona mi mente: un 20 % son pensamientos útiles (me sirven para decidir si cambiar de casa o para arreglar un grifo que gotea) El 80% de los pensamientos restantes son basura. Si los observas con atención son siempre los mismos que vuelven una y otra vez en busca de una solución. Ésta no suele llegar porque antes de tomar una decisión otro pensamiento gritón interrumpe, ocupa la mente otro rato y así sucesivamente. Normalmente puede haber cinco o seis temas, no hay más, que dan vueltas una y otra vez. Ocurre lo mismo en las relaciones con las personas. Un 20 % escuchamos a la persona que tenemos delante, un 80% solo escuchamos nuestra media docena de temas. Cuando no quede más remedio saldré, escucharé brevemente y volveré a entrar en mi molino interior. Y así es mi vida: media docena de aves atolondradas girando a mi alrededor impidiéndome ver el mundo tal como es e incluso impidiendo que pueda verme a mí mismo.

MEDITACIÓN

Meditar es el cambio más radical que he llevado a cabo en toda mi vida. Saber cómo funciono me ha llevado a hacer las paces con el entorno y conmigo mismo. 
Meditar es extremadamente sencillo y extremadamente complicado. Es observar. Hay muchas formas de hacerlo. La que yo he elegido es el zazen. Estar sentado y observar la respiración. Parece fácil pero antes de que transcurran un par de respiraciones veo como he sido interrumpido por pensamientos. Reconozco los pensamientos porque son transportados por palabras. El reto es que durante un rato no haya palabras en la mente sino únicamente la imagen del aire entrando y saliendo por la nariz. Poco a poco los momentos de observación pura se van alargando. Puedo permanecer unos segundos, quizás un minuto sin apartarme de la sencilla imagen del aire entrando y saliendo y resulta muy agradable. Al final siempre hay un pensamiento que interrumpe. Para mi los pensamientos son como vagonetas de una montaña rusa. En algún punto en la parte de atrás de mi mente, un sitio que no puedo ver, alguien lanza una vagoneta: "tengo que terminar el proyecto para la próxima exposición". De forma automática me subo en la vagoneta y empiezo a dar vueltas alrededor de mi verdadero ser. Me aparto del centro y me convierto en el pensamiento.  Cuando me doy cuenta me bajo de la vagoneta, vuelvo al centro y la dejo ir. Vuelvo a la respiración, el centro. Espero atentamente el momento en que el siguiente pensamiento llegue. Si estoy atento puedo reconocer la vagoneta, sobre su vía hecha de palabras, y dejarla pasar sin subirme. Otras veces me doy cuenta de que estoy subido cuando ya estoy mareado. 
A veces, cuando llevo un rato enfocado, intento descubrir el origen de los pensamientos, remontar el río hasta la fuente original. Como en la película "Inception" de Christopher Nolan, buscaba el momento en el que nace el sueño, yo busco el espacio y el momento en el que brota el pensamiento. Y sobre todo descubrir "quién" lanza los pensamientos. Todavía no he llegado allí. No se si se puede. Sobretodo porque en el momento en que estoy queriendo ir más lejos ya estoy pensando y por tanto alejándome de mi meta. Esta es la maravillosa paradoja de la meditación: en el momento que te dices "lo tengo" acabas de perderlo.